Reloj Digital

domingo, 4 de marzo de 2018

"Herramientas" para trabajar los comentarios de textos en prosa

     Características de los personajes presentes en el fragmento
  
  Caracterizar sería determinar los atributos peculiares de alguien, de modo que claramente se distingan de los demás. Los personajes son la pieza fundamental de una obra literaria. Por ello es vital una adecuada caracterización. Todos tenemos algo que nos hace únicos; nuestra forma de hablar o mirar, la manera de caminar, de reaccionar ante determinadas situaciones, un tic nervioso, un gusto determinado, un rasgo físico; no hay, en definitiva, dos seres iguales. Esto es aplicable a la literatura.
   Un personaje que no tenga rasgos físicos o espirituales diferenciadores sería un personaje común; y los personajes comunes aburren.
   De la misma manera se debe tener en cuenta que sus rasgos diferenciadores deban ser manejados con prudencia. En la realidad, hay personas a las que se conoce como raras por alguna razón específica.
  En la literatura estos personajes pueden llegar a parecer inverosímiles si no se les trata con ingenio. Un personaje raro debe tener una justificación poderosa para serlo de forma que el texto literario tenga la suficiente credibilidad.
  En la caracterización de los personajes en literatura el primer paso es la identificación de cada personaje. Cuando se ha logrado identificar y caracterizar al narrador, el escritor está dispuesto a dar el siguiente paso. El autor es quien realiza una obra. En literatura es quien la escribe (no sólo el que la firma. Existe también la figura del negro). Narrador es el personaje que cuenta la historia, quien lleva el relato.
  El protagonista es vital: se impone la caracterización del protagonista. El protagonista es la esencia de la historia, el centro del conflicto y, por tanto, sobre el que recaerá el peso fundamental de la anagnórisis o reconocimiento; es a la vez el personaje con el que más interactúa el lector.
   Hay varias formas de clasificar a los personajes. Aparte de la física, en la que se describe el aspecto y el modo de vestir (que puede tener mucha importancia, como el color verde del vestido de Adela en La Casa de Bernarda Alba); desde un punto de vista psicológico y siguiendo una relación de los personajes más importantes de la obra, se describe cada uno de ellos, indicando cómo son su temperamento, sus reacciones, la forma de desenvolverse ante determinadas circunstancias...
     Se distinguen dos tipos de personajes:
- Personaje redondo: evoluciona su psicología a lo largo de la obra o del texto, sufre altibajos emocionales, duda, comete errores, sale airoso de situaciones difíciles, ofrece actitudes un tanto cobardes en ciertos momentos, etc.
- Personaje plano: no evoluciona absolutamente nada a lo largo de la obra o del texto, nos aparece como héroe salvador desde la primera hasta la última página, o como villano cruel que comete mil atrocidades desde el principio hasta el final, por ejemplo.
 También podemos diferenciar entre el personaje protagonista, los personajes secundarios y el personaje antagonista (el que se opone claramente al protagonista, su “enemigo”).
  Tomando a los personajes como definidores del contexto junto al tema que refleja el autor en la obra, hay diferentes tipos de personajes en la creación literaria:

1.- Estereotipos, lo cuales representan ciertas connotaciones "marcadas", tratando el autor de destacarlas del resto de otros personajes más vulgares o cotidianos.
     Hay diferentes tipos de personajes estereotipados:
  a) Héroes individuales: con características sobresalientes, por ejemplo: los detectives de las novelas policíacas o espías de novelas de ciencia ficción.
  Este tipo de protagonistas los utiliza el autor como un recurso literario para resaltar un hecho social de una forma exagerada.
  b) Antihéroes. Este otro recurso literario, en controversia del héroe individual, para resaltar ciertas miserias de la vida cotidiana. Un ejemplo de antihéroe de "Sancho Panza", de El Quijote, en donde Cervantes destaca a un ser "ineficaz", pero en el fondo tan lleno de humanidad que el lector se olvida de todos sus defectos.
  c) Héroes atormentados. Este tipo de personaje lo configura el autor en primera figura como fórmula de transmitir el sufrimiento humano. Ejemplos los podemos encontrar en novelas de corte existencialista, como, "Pedro, el médico", de Tiempo de silencio, o el protagonista central de El extranjero de Albert Camus: personajes "vulgares" que la vida, en un momento determinado se les hace adversa pero que "todo les da igual".
2.- Prototipos: más típicos de la novela "realista". Personajes vulgares, sin más protagonismo que el de su vida cotidiana.

       El espacio


  La situación física en que se encuentran los personajes es uno de los recursos principales que los autores utilizan para contextualizar las historias narrativas. Una novela se puede desarrollar en un lugar o en varios, en espacios interiores o exteriores, rurales o urbanos, con los siguientes fines:
- Dar credibilidad a la historia
- Contextualizar a los personajes
- Producir efectos ambientales y simbólicos.
   Los novelistas se suelen valer de la técnica de la descripción para presentar los espacios. El espacio es muchas veces un reflejo de las estructuras socio-históricas del contexto en el que surge la obra. Durante el movimiento literario realista del siglo XIX la descripción y el análisis de los espacios alcanzaron prácticamente la misma importancia que la historia narrada. En la literatura actual se muestra el espacio a través de los ojos de los personajes o del narrador.
  La importancia del espacio en una obra literaria puede influir de manera determinante tanto en el significado de la misma, como en la caracterización de los personajes. La descripción de fenómenos de la naturaleza adversos (tempestades, viento, frío, cielo gris, etc.) o una naturaleza idealizada, pueden darle significados connotativos a una composición literaria. El paisaje que describe el autor o un personaje también. Los colores que se muestran en determinado lugar o determinados objetos también pueden ser claves para el devenir de una novela o un drama.
  En la narración, las referencias léxicas que significan lugar, permiten la localización espacial de los hechos relatados y, al mismo tiempo, pueden convertirse en marcas textuales que muestran la estructura de la narración en sí.
  
       El  tiempo

  El tiempo y todas sus variaciones se expresan fundamentalmente, como es lógico, mediante las formas verbales utilizadas. La perspectiva temporal que el narrador adopta respecto de los acontecimientos determina el tiempo de los verbos:
    A la narración actual, en la que el narrador relata hechos que están sucediendo en el mismo momento en que se narran, le corresponde la forma verbal del presente. Además de usarse en algunos tipos de narración muy concretos, como las retransmisiones en directo de radio y televisión, aparece frecuentemente, dentro de la ficción literaria, en la novela objetivista y en los guiones cinematográficos. El presente se utiliza también en relatos a los que se quiere dar un valor o alcance intemporal.
     La narración retrospectiva, en la que se relatan los hechos observándolos desde un momento posterior al desarrollo de los mismos, exige el uso de formas verbales del pasado (pretérito perfecto simple y compuesto), que expresan anterioridad al momento del habla, es decir, al tiempo del narrador. La sucesión de estos verbos en pretérito perfectivo expresa por sí misma la propia sucesión de acontecimientos. Otras formas temporales-como el pretérito imperfecto, el pluscuamperfecto, los condicionales simples y compuesto y el futuro compuesto- permiten ordenar otras acciones en relación con ellas, expresando simultaneidad, anterioridad y posterioridad con respecto a las primeras.
    También puede utilizarse en la narración retrospectiva el presente histórico, que, como ya sabemos, permite aproximar el punto de vista del narrador- y, por tanto, del lector- al momento del pasado en el que suceden los acontecimientos, de forma que éstos se contemplan como si estuvieran sucediendo en el presente.
    La narración prospectiva es muy poco frecuente. Aparecen, sin embargo, fragmentos de narración en futuro en las anticipaciones o prolepsis que se inserten en un relato de otro tipo.
    Junto a las formas verbales, hay que tener en cuenta las diferentes referencias léxicas que haga el narrador al transcurso del tiempo: complementos circunstanciales de tiempo y marcadores discursivos con significado temporal(varios años después, más tarde, al mismo tiempo, meses antes, de repente...) son empleados constantemente para indicar las elipsis, los saltos temporales hacia atrás o hacia delante, la sucesión de acontecimientos o el intervalo entre ellos, su duración, etc., y sirven además como elementos de cohesión textual, puesto que organizan el discurso narrativo y marcan transiciones entre una parte y otra del texto.
  En cuanto a la terminología empleada, se suele hablar de Ab initio, si la historia comienza desde el principio, In media res si la trama se produce en medio de los acontecimientos o en Flash-back si se narra desde el final de los sucesos.
 
            Tipos de narrador

   En los textos literarios hay varias voces que se pueden comentar. La voz es la que cuenta los hechos. Si esta voz es la del narrador, puede estar en primera, segunda y tercera persona. Si aparece en boca de los personajes es cuando normalmente aparece el diálogo.
    
     La tercera persona

   Normalmente, la tercera persona dota al texto de objetividad, o el autor trata de mostrarnos objetividad utilizando esta tercera persona: intenta ser alguien imparcial que cuenta unos hechos con el propósito de conseguir un efecto de verosimilitud en su creación literaria o incluso histórica (muchos han sido los dirigentes que han contado sus supuestas hazañas en tercera persona para conseguir que los lectores o generaciones posteriores los creyeran “a pies juntillas”).
  Otra técnica que se emplea en tercera persona es la de la forma omnisciente, cuando a la hora de narrar los acontecimientos, actúa como un dios que lo sabe todo y lo domina todo. También describe todo lo que los personajes ven, sienten y oyen; y los hechos que no han sido presenciados por ningún personaje.
   El enfoque múltiple es otra de las técnicas empleadas utilizando la tercera persona. Es el relato de una acción desde el punto de vista de varios personajes y no del narrador omnisciente. No hay que confundir con el diálogo.
   El autor puede también utilizar la tercera persona observadora: el narrador cuenta los hechos de los que es testigo como si los contemplara desde fuera, no puede describir el interior de los personajes. Es como un reportero con una cámara que sólo puede relatar lo que ve y lo que oye. No puede describir el interior de los personajes.
   Una técnica poco usual es la de buscar un narrador para relate los hechos (es un relato dentro de otro relato). Aparece por ejemplo en El Quijote.
     
          La primera persona
  
  Aquí el autor pretende identificarse. Le da mayor subjetividad. Borra las diferencias entre su propia visión y el protagonista en el que se va a ocultar. Muchas veces surge la autobiografía (aunque ésta pueda llevarnos a un mundo ficticio). A esta técnica se le suele llamar primera persona central.
  Primera persona periférica es aquella en la que el narrador adopta el punto de vista de un personaje secundario que narra en primera persona la vida del protagonista.
  Primera persona testigo. Un testigo de la acción que no participa en ella narra en primera persona los acontecimientos.
    
    Monólogo interior

  El monólogo interior (también conocido como 'flujo de conciencia') es una técnica literaria que intenta plasmar en el papel el flujo de presión del mundo real y el mundo interior, imaginado por alguno de los protagonistas.
  En los monólogos interiores, los escritores tratan de expresar sentimientos ocultos o deseos reprimidos que no pueden expresar con palabras o acciones. Son "mundos diferentes en el interior de las personas", que en la mayoría de las veces, ocultan fantasías y pensamientos que a lo mejor nunca podrán ser realizados.


       La segunda persona
     La segunda persona corresponde, en principio, al narratario, bien sea éste un personaje ficticio (como el de Vuestra Merced del Lazarillo) o directamente el lector. Hay que decir que es poco frecuente y confusa. El autor pretende analizar al personaje, su manera de ser, su pensamiento; aunque ha cierta restricción en lo que se comunica. Se da en obras literarias donde la narración importa menos y se da paso a la descripción de un personaje u otro elemento (como la sociedad o cultura española en Cartas Marruecas de José Cadalso).

          Formas del discurso:
 - Narración.
 - Descripción.
 - Exposición y argumentación.
 - Diálogo.
   Tradicionalmente los textos en prosa se han clasificado en las llamadas formas del discurso o formas de composición: narración, descripción, exposición y argumentación. Esta división se basa en la intención que domine en cada una de ellas y, en consecuencia, en la distinta manera de organizar el texto: en la narración se detallan conocimientos  reales o ficticios dispuestos en un tiempo y un espacio; en la descripción se evocan observaciones de la realidad; en la exposición se explican ordenadamente ideas y principios; en la argumentación, se defiende una postura y se intenta convencer de ella al receptor. La narración y la descripción se dirigen principalmente a la imaginación mientras que exposición y argumentación  lo hacen al intelecto; los primeros son los más característicos de la expresión literaria y los segundos de las vertientes científica y humanística.
    A estas cuatro formas del discurso hay que añadir el diálogo, no el que se produce en situaciones reales de comunicación oral, sino el que el autor recoge en sus textos para transmitir información al lector.
   Esta clasificación no quiere decir que los textos se den con una de esas formas exclusivamente, ya que en una composición encontramos mezcladas diferentes variedades: en un cuento, la narración debe combinarse con la descripción de ambientes y personajes que, además, pueden dialogar entre ellos; del mismo modo, cuando argumentamos necesitamos exponer nuestras ideas y muy probablemente describir situaciones o enunciar ejemplos de un modo narrativo.
        El diálogo y sus tipos
   El diálogo en sí es la comunicación entre los propios personajes. Este diálogo refuerza la narración, es decir, hace que el lector se crea más lo que lee; le da verosimilitud a la obra literaria. El autor desaparece con el diálogo y “deja actuar a los personajes” en un intento claro de dotar de verosimilitud a la obra literaria. El diálogo procede del teatro y en el teatro es vital la catarsis: que el público se identifique con algún personaje o con la trama argumental que se produce en el diálogo. Una obra teatral será mejor o peor dependiendo del efecto que haga en el público (una comedia será buena si consigue provocar la carcajada del público).
   No hay que confundir el diálogo con “la técnica múltiple”. En la técnica múltiple, son distintos los personajes que narran la acción (por ejemplo en Crónica de una muerte anunciada).
   En la ficción literaria se suele distinguir entre el discurso del narrador y el discurso de los personajes. Tanto el hablar del narrador como el de los personajes se encuadran en un proceso marcado por convenciones conocidas por el lector. Es decir, el lector a las convenciones propias del diálogo “real” ha de sumar las propias de lo literario (por ejemplo la reproducción en estilo directo, los signos que suplen lo gestual). La competencia del lector permitirá contrastar el valor estilístico de los diálogos contenidos en una obra.
   El diálogo supone una ruptura del hilo narrativo y contribuye a imprimir un determinado ritmo al relato. Las palabras de los personajes se han de insertar en el discurso del narrador, se trata de citar las palabras de alguien, de reproducir un discurso distinto al del narrador y esto puede hacerse de distintos modos. La elección de uno u otro procedimiento de cita es ya una elección estilística  y marca la distancia del narrador respecto del personaje.

            Tradicionalmente se han distinguido las siguientes formas de representar el discurso de los personajes:

      Estilo directo, es el que se da en aquellos discursos en los que se citan las palabras o pensamientos de los personajes de manera textual, tal y como se supone que ellos mismos los han formulado. El narrador introduce un verbum dicendi y a continuación reproduce el hablar del personaje entre comillas o con un guión, que puede ir precedido en la línea anterior de dos puntos como marcas tipográficas.

  Pero, ¿y si él se empeña en que vaya?                    Criada: ¿Han venido todos sus parientes? 
 Es muy débil... si insistimos, cederá.                      La Poncia: Los de ella. La gente de él la odia. Vinieron
 ¿Y si no cede, si se obstina?                                   a verlo muerto, y  le hicieron la cruz.

 También se puede prescindir del verbum dicendi, cuando está claro quiénes son los personajes que hablan.
   En algunos textos el autor emplea el uso de las comillas y los verbos introductorios (marcados en negrita) que pueden ir delante o detrás de las palabras de los personajes.

    “Para mis padres, estas atenciones del maestro eran un honor. Aquellos días de excursión, mi madre preparaba la merienda para los dos: “No hace falta, señora, yo ya voy comido”, insistía don Gregorio. Pero a la vuelta decía: “Gracias, señora, exquisita la merienda”.
 Estoy segura de que pasa necesidades”, decía mi madre por la noche.
     Estilo indirecto. Consiste en un procedimiento por el que las frases o pensamientos de los personajes son incorporados al discurso del narrador que con sus propias palabras los resume en primera o tercera persona narrativa. Esto supone que es la perspectiva del narrador la que prevalece. Sintácticamente, del verbum dicendi depende una subordinada sustantiva que se introduce generalmente con la conjunción que. Se marcan en negrita las señales del estilo indirecto:

   El vagabundo –narizotas, alcohólico y trascendente– contó que se dirigía a la recogida de aceitunas, para luego seguir hacia levante, donde pensaba hacerse barquero de agua dulce. Y explicó que su idea era instalarse en la orilla de un río caudaloso y recoger todo cuanto arrastrasen las aguas, que en épocas de crecidas…”

   Estilo indirecto libre. Esta modalidad de discurso permite reflejar, de forma convincente y vivaz, el pensamiento del personaje sin prescindir de la tercera persona del narrador. Como marcas lingüísticas de su presencia están el uso del imperfecto de indicativo, la reconversión de la persona yo en la persona él, la afectividad expresiva proporcionada por exclamaciones, interrogaciones, léxico, coloquialismos, etc., así como la ausencia introductoria del verbum dicendi. En el siguiente ejemplo se marca en negrita el discurso reproducido en estilo indirecto libre.

 En torno suyo giraba la oscuridad absoluta, radical. ¿Tendría que acostumbrarse a ellas eternamente? Su angustia aumentó de concentración al saberse hundida en esta niebla espesa, impenetrable: ¿Estaría en el limbo? Se estremeció.”

            Diálogo en el teatro

   El diálogo es esencial en el teatro ya que el drama se comunica exclusivamente a través del diálogo de las figuras dramáticas (excepto en el teatro el que se usan procedimientos narrativos o el teatro del silencio). El diálogo es la única fuente de emisión; esto supone que al no haber un intermediario (como lo es el narrador en el relato) incluso la presentación de las figuras dramáticas se haga a través de sus diálogos.
    El lenguaje en el teatro presenta dos rasgos fundamentales: en primer lugar, está destinado a la representación, esto se advierte incluso en la lectura, ya que si no se sobrentiende una representación imaginaria, el texto resulta incomprensible; las réplicas dejan de ser coherentes y comprensibles fuera del entorno.
      Un segundo rasgo es que se produce un desdoblamiento doble: el de los emisores y el de los receptores. El primer emisor de un texto dramático es el autor; pero este  no emite el mensaje directamente, sino que lo pone en boca de las figuras del drama. El receptor también es doble: las figuras se comunican entre sí, pero realmente su destinatario es el público.

      EMISOR                      >  >  >                              RECEPTOR
   (Autor/Figura)                                                        (Figuras/Público)

         Tipología del diálogo teatral

            El diálogo teatral puede clasificarse atendiendo a dos criterios: según el número de emisores y según su funcionalidad en el juego dramático. En el primer caso podremos distinguir entre monólogo y polílogo; en el segundo atenderemos a si hay una participación verbal directa de las figuras o si, por el contrario, este diálogo se realiza fuera del juego dramático –caso de los apartes.
            El monólogo es un diálogo con un emisor único, se trata de la intervención verbal de una figura cuya extensión rebasa los límites de una réplica normal y no es imprescindible que la figura esté sola en el escenario. Si la intervención es de un único personaje en escena, se denomina soliloquio.
      Cuando intervienen por lo menos dos interlocutores tenemos un  polílogo. Según el número de figuras que participen se denominará específicamente duólogo, trílogo, tetrálogo. A partir de la modalidad de tetrálogo hay una tendencia a formar grupos en escena. En ocasiones, el polílogo se convierte en monólogo si todos los hablantes repiten las mismas palabras, una especie de letanía, por ejemplo La casa de Bernarda Alba:

BERNARDA:     ¡Alabado sea Dios!
TODAS:             Sea por siempre bendito y alabado.
BERNARDA:     ¡Descansa en paz con la santa
                          Compaña de cabecera!
TODAS:             ¡Descansa en paz!
BERNARDA:     Con el ángel San Miguel
                             y su espada justiciera.
  
   El aparte puede ser de una o de varias figuras; se da cuando una de estas figuras se aleja del juego dramático fingiendo las demás que no se enteran de lo que dice. Fundamentalmente hay dos tipos de apartes: aparte ad spectatores y aparte solitario, según a quién se destine el mensaje. En el aparte a los espectadores una figura se dirige de manera clara al público; el aparte solitario no tiene destinatario concreto (evidentemente esto es una ficción, el fin último de toda intervención es comunicar algo a los espectadores). En este fragmento de El alcalde de Zalamea hay ejemplos de apartes en diversas direcciones.

CRESPO                       (Aparte.) ¡Que nunca
              entre y salga yo en mi calle,
              que no vea a este hidalgote                              
              pasearse en ella muy grave!
NUÑO               (Aparte a su amo.) 
              Pedro Crespo viene aquí.
D. MENDO       Vamos por estotra parte,
              que es villano malicioso.
     (Sale JUAN, hijo de CRESPO.)
JUAN                (Aparte.) ¡Que siempre que venga, halle         
              este fantasma en mi puerta,
              calzado de frente y guantes!
NUÑO               (Aparte a su amo.) 
              Pero acá viene su hijo.
D. MENDO       No te turbes ni embaraces.
CRESPO                       (Aparte.) Mas Juanico viene aquí.                   
JUAN                (Aparte.) Pero aquí viene mi padre.
D. MENDO       (Aparte a NUÑO.) 
              Disimula. -Pedro Crespo,
              Dios os guarde.
CRESPO                       Dios os guarde.
                           (Vanse D. MENDO y NUÑO.)
CRESPO            (Aparte.)        
                          Él ha dado en porfiar,
              y alguna vez he de darle                                              
              de manera que le duela.
JUAN                (Aparte.)        
                          (Algún día he de enojarme.)
              ¿De adónde bueno, señor?

              Función caracterizadora del diálogo

    La figura dramática aparece caracterizada de diversas maneras; lo que se diga de una figura en acotaciones y réplicas o lo que haga, todo contribuirá a la concreción de sus rasgos. La información caracterizadora puede proceder del autor o de las propias figuras. Las informaciones del autor se plasman en las acotaciones y en los contrastes que establezca entre ellas.
   Las acotaciones han de traducirse a códigos extraverbales en la representación (fisonomía, estatura, maquillaje, indumentaria…) y verbales. Dentro de estos últimos habrá que distinguir entre los elementos de carácter paralingüístico como la voz del actor, el sociolecto o idiolecto que utilice y la forma que adopte el diálogo; así, el monólogo o soliloquio descubre el pensamiento y los sentimientos; el duólogo (generalmente con un amigo o confidente) es más verosímil para mostrar sentimientos e ideas; el polílogo es útil para presentar a una figura desde la visión de otras figuras del drama.
    Según la procedencia de la caracterización habrá que hablar de autocaracterización y heterocaracterización: en el primer caso son las palabras y actos de la figura los que la presentan, en el segundo una figura opina de otra.
     Además, hay otros elementos que el autor puede utilizar para caracterizar a una figura como puede ser el nombre (así, en La casa de Bernarda Alba: Angustias, Martirio…). Un ejemplo de autocaracterización lo tenemos en Bernarda Alba, personaje monolítico, de rasgos permanentes a lo largo de toda la obra. Al primer acto pertenecen las siguientes réplicas de Bernarda:

a) – ¡Silencio! Menos gritos y más obras. Debías haber procurado que todo estuviera más limpio.
b) –A tu edad no se habla delante de las personas mayores.
c) – No he dejado que nadie me dé lecciones. Sentarse. Magdalena no llores; si quieres llorar métete debajo de la cama. ¿Me has oído?

   Y al final de la obra, éstas:

 a) –Abre, porque echaré abajo la puerta. ¡Adela!
 ¡Trae un martillo!
  Yo no quiero llantos. La muerte hay que mirarla cara a cara. ¡Silencio! ¡A callar he dicho! ¡Las lágrimas cuando estés sola! Non hundiremos todas en un mar de luto. Ella, la hija menor de Bernarda Alba, ha muerto virgen. ¿Me habéis oído? ¡Silencio, silencio he dicho! ¡Silencio!

            El mismo personaje, Bernarda Alba, aparece heterocaracterizado en el acto primero del drama:
     Habitación blanquísima del interior de la casa de Bernarda. Muros gruesos. Puertas en arco con cortinas de yute rematadas con madroños y volantes. Sillas de anea. Cuadros con paisajes inverosímiles de ninfas o reyes de leyenda. Es verano. Un gran silencio umbroso se extiende por la escena. Al levantarse el telón está la escena sola. Se oyen doblar las campanas.
 (Sale la Criada)
Criada: Ya tengo el doble de esas campanas metido entre las sienes.
La Poncia: (Sale comiendo chorizo y pan) Llevan ya más de dos horas de gori-gori. Han venido curas de todos los pueblos. La iglesia está hermosa. En el primer responso se desmayó la Magdalena.
Criada: Es la que se queda más sola.
La Poncia: Era la única que quería al padre. ¡Ay! ¡Gracias a Dios que estamos solas un poquito! Yo he venido a comer.
Criada: ¡Si te viera Bernarda...!
La Poncia: ¡Quisiera que ahora, que no come ella, que todas nos muriéramos de hambre! ¡Mandona! ¡Dominanta! ¡Pero se fastidia! Le he abierto la orza de chorizos.
Criada: (Con tristeza, ansiosa) ¿Por qué no me das para mi niña, Poncia?
La Poncia: Entra y llévate también un puñado de garbanzos. ¡Hoy no se dará cuenta!
Voz (Dentro): ¡Bernarda!
La Poncia: La vieja. ¿Está bien cerrada?
Criada: Con dos vueltas de llave.
La Poncia: Pero debes poner también la tranca. Tiene unos dedos como cinco ganzúas.
Voz: ¡Bernarda!
La Poncia: (A voces) ¡Ya viene! (A la Criada) Limpia bien todo. Si Bernarda no ve relucientes las cosas me arrancará los pocos pelos que me quedan.
Criada: ¡Qué mujer!
La Poncia: Tirana de todos los que la rodean. Es capaz de sentarse encima de tu corazón y ver cómo te mueres durante un año sin que se le cierre esa sonrisa fría que lleva en su maldita cara. ¡Limpia, limpia ese vidriado!

            Vemos, pues, que la autocaracterización y la heterocaracterización abundan en rasgos similares.
        Las características lingüísticas del diálogo son:
 - Abundancia de los pronombres personales, destacando sobre todo la presencia del yo y del en función de sujeto.
 - Presencia de otros deícticos pronominales y adverbiales.
 - Constantes cambios en los tiempos verbales, siempre desde el presente de los hablantes.
 - Cambios también en el modo. El subjuntivo aparece para expresar deseos, posibilidades, avisos, etc.
- Abundante presencia de elementos apelativos y vocativos.
- Variaciones en la entonación: paso de la enunciación a la interrogación y a la exclamación.
- Sintaxis de periodos breves, con numerosas elipsis.
- Simplicidad en las relaciones sintácticas, con tendencia a la coordinación y a la yuxtaposición.
              La narración

  La primera característica de la narración sería el estilo verbal (mencionado anteriormente). Dado que la narración consiste en relatar acciones, se caracteriza por el dinamismo, el movimiento; de ahí que la importancia de la acción narrativa determina que las palabras predominantes en los textos de este tipo sean los verbos. De hecho, apenas es posible concebir una narración sin estructuras verbales y, muy al contrario, se podría narrar prescindiendo casi por completo de otra clase de palabras.
    Las estructuras oracionales suelen ser predicativas, construidas con verbos de acción y proceso. Las estructuras atributivas, en cambio, son características del discurso descriptivo y, por tanto, aparecen en el relato cuando se detiene la narración propiamente dicha, para describir a los personajes o los lugares. El ritmo(o tempo) que el autor quiere dar a su discurso condiciona también la estructura oracional: el ritmo lento de la acción, en el cual apenas transcurre el tiempo, suele estar asociado a la sintaxis compleja, que alarga los enunciados con múltiples subordinaciones (abundan el los complementos circunstanciales y subordinadas adverbiales que señalan las distintas circunstancias que se producen en los hechos). En cambio, la sucesión de oraciones simples, sencillas y breves, la coordinación y, sobre todo, la yuxtaposición crean un ritmo rápido que acelera la acción narrativa.
    Como hemos visto más arriba (en las características del diálogo), la persona gramatical en los verbos y en los pronombres adquiere también una gran relevancia por su relación con el punto de vista narrativo.
        La descripción

    La descripción implica quietud, estatismo. Viene a ser el retrato de alguien o de algo hecho por medio de palabras. Como primera característica lingüística destacaríamos el estilo nominal mencionado anteriormente. Otras características generales serían las siguientes:
 -   Hay un dominio del elemento nominal sobre el verbal.
 -   Abundancia de adjetivos y otros complementos nominales.
 -   Verbos de estado y de percepción sensorial.
  -  Formas verbales imperfectivas: presente y pretérito imperfecto.
  -  Oraciones atributivas.
  -  Sintaxis sencilla, de frase breve.
  -  Presencia de figuras literarias como el símil, la metáfora y por supuesto; la   prosopografía (descripción exterior de una persona o un animal), la etopeya (descripción de las cualidades espirituales, carácter, valores morales, de una persona) y el retrato (prosopografía más etopeya). Los procedimientos o recursos estilísticos son muy importantes en la descripción subjetiva y literaria. Dependen, sobre todo, de los mecanismos que utilice el autor para crear la imagen del objeto descrito, según el tipo de descripción que se trate. Por ejemplo, en las descripciones de carácter analítico, en las que se pretende describir el objeto que sirve como tema  haciendo referencia a las distintas partes que lo componen, suele emplearse la enumeración de elementos y de rasgos característicos de cada uno de ellos (rasgos que se suelen precisar mediante series de adjetivos coordinados).
    En ocasiones, la creación de la imagen se basa en la analogía: el autor caracteriza el objeto relacionándolo con otras realidades con las que guarda alguna semejanza.  
     Los procedimientos literarios utilizados son entonces las metáforas y las comparaciones. Una función similar tiene el uso de la personificación en la descripción de animales o cosas y de la animalización o cosificación en la descripción de personas. Estos dos últimos recursos son muy habituales en la descripción caricaturesca.
        Lenguaje empleado por el autor

    Tenemos que fijarnos en la cantidad de adjetivos, sustantivos y verbos que hay en el texto. Así podremos darnos cuenta de si es un lenguaje fluido (o rápido) o un lenguaje lento.
   Lenguaje fluido sería aquel que está falto de elementos que puedan interrumpir una lectura más o menos rápida. Estos elementos podrían ser adjetivos (epítetos), excesivas conjunciones (hipérbatos), etc. También se le llama prosa fluida o “lectura ágil”.  
   El lenguaje sería sencillo cuando no nos encontramos ningún tipo de cultismo, latinismo, arcaísmo, etc., que nos impida la comprensión del texto. Es un lenguaje para ser entendido por cualquier tipo de lector. También llamado lenguaje sin complicaciones, puesto que aparecen recursos literarios que se pueden comprender fácilmente. Puede ser rápido o lento.
   Prosa poética. Se trata de un tipo de lenguaje en prosa, que contiene un ritmo y una cantidad de recursos literarios que casi lo convierten en poesía (no es poesía porque carece de rima).
   Hablamos de lenguaje complicado cuando nos encontramos una enorme cantidad de metáforas, símbolos, antítesis, dobles sentidos de palabras, etc., que hacen que se nos haga bastante difícil comprender lo que estamos leyendo. Tendríamos que tener unos conocimientos mínimos del autor del texto o de la corriente literaria para entender la obra.
    Lenguaje ornamental sería aquel “cargado” (o recargado) de elementos que “adornan” el texto con la finalidad de embellecerlo. Son elementos innecesarios para la comprensión de la obra, pero que le dan determinado valor estético. Interesa más la forma en la que se intentan comunicar el mensaje del texto, que el contenido del mismo. Hay mucha adjetivación, términos mitológicos, exóticos (de origen oriental: zafiras, rubíes), asociaciones de sensaciones diversas como la sinestesia (sol sonoro), aliteraciones (“el ruido que rueda la ronca tempestad”), etc., que tienen como finalidad darle determinado efecto, ritmo y sonoridad al poema (se busca el preciosismo con este tipo de lenguaje).
        Géneros literarios (narrativa en prosa y dramático) y subgéneros

      Entre los subgéneros narrativos en prosa encontramos:

     El cuento: Narración breve de un suceso imaginario y con argumento muy sencillo. Aparecen en él un reducido número de personajes que participan en una sola acción con un solo foco temático. Aunque tradicionalmente poseía una intención moralizante, hoy su finalidad suele ser provocar en el lector una respuesta emocional.
    Apólogo: Relato breve de finalidad didáctico-moral.
    La leyenda: Narración breve basada en un relato tradicional de carácter misterioso, sobrenatural o terrorífico.
    La crónica literaria: Una crónica es una obra literaria que narra hechos históricos en orden cronológico. En una crónica los hechos se narran según el orden temporal en que ocurrieron, a menudo por testigos presenciales o contemporáneos, ya sea en primera o en tercera persona.   
    Epístolas o cartas. Carta formal e instructiva, generalmente destinada a la publicación y escrita en verso. Su contenido es diverso y aborda temas filosóficos o morales. La prosa epistolar integra el género de las cartas conversacionales por escrito con el ausente. La carta, en efecto, es una composición en prosa, que dirigimos a una persona ausente para comunicarle noticias o impresiones, salvando las distancias del ausente. Si esta carta va en verso, le llamamos epístola. Existen cartas literarias y públicas. Las cartas literarias: constituyen manifestaciones de la prosa artística en forma epistolar, como vehículo o modo elocutivo de otros géneros, por ejemplo la novela o de la didáctica. Las cartas públicas: son las que abordan asuntos de interés general, y se escriben para ser publicadas, generalmente en la prensa diaria.
    Episodio. Es un híbrido entre novela e historia. Aparecen narrados trozos de la historia en forma de novela (personajes ficticios e historias de amor ficticias, con un trasfondo histórico-social real).
    La novela. Su auge en los siglos XIX y XX ha sido tal, y sus variantes tan dispares, que resulta difícil una definición rigurosa. Suele entenderse por novela una narración extensa en prosa, con personajes y situaciones reales o ficticios, que implica un conflicto y su desarrollo que se resuelve de una manera positiva o negativa. Es un relato largo, aunque de extensión variable, con un argumento mucho más desarrollado que el del cuento. Y, a diferencia de lo que sucede con el cuento, al lector le importa no sólo lo que ocurre a los personajes, sino también lo que piensan y sienten, cómo evolucionan espiritualmente y cómo influye en ellos la sociedad donde viven. Su estructura es muy variable.
   Existen varios tipos de novelas: realista, histórica, picaresca, intelectual, psicológica, policíaca, terror, ciencia-ficción, gótica, rosa, sentimental, pastoril, caballerías, picaresca, etc.
        Subgéneros dramáticos


     La tragedia. Es la representación de terribles conflictos entre personajes superiores y muy vehementes, los cuales son víctimas de un destino ineludible; suele acabar con la muerte del protagonista.
    La comedia. Es la representación, a través de un conflicto, del aspecto alegre y divertido de la vida, y cuyo desenlace tiene que ser feliz.
    El drama. Es la representación de problemas graves, con intervención, a veces, de elementos cómicos, y su final suele ser sombrío.
    Ópera. Composición dramática, en la que los personajes cantan íntegramente sus papeles, en lugar de recitarlos.
    Zarzuela. Obra literario-musical, genuinamente española, en la que se combinan escenas habladas y cantadas. Suele reflejar vivos cuadros de costumbres, preocupaciones populares, sátiras políticas.
    Paso, entremés y sainete. Piezas breve en un acto, en prosa o en verso, de tema ligero. El origen del sainete se encuentra en la tradición popular y posee un humor festivo y picaresco. Solía representarse en los entreactos de obras mayores. El sainete deriva del entremés y del paso y acentúa lo humorístico y popular de este último.
    Auto sacramental. Obra de carácter alegórico que trata sobre un dogma de la Iglesia católica y tiene como fondo la exaltación del sacramento de la Eucaristía.
    Melodrama. Nombre que en el siglo XIX recibían determinadas obras dramáticas de tipo folletinesco, convencional, caracterizadas por sus fáciles concesiones a un público sensiblero.